Sonreír para agradecer. Para saludar y despedirnos. Para comunicarnos, para acariciar, incluso para negociar con nuestros hijos. Sonreír no significa ceder. O ser vulnerable. Significa ser amable y cortés con los demás, independientemente de lo que hagas. Si queremos colaboración, si pedimos respeto y educación empecemos por “entrenarnos” con una humilde pero poderosa sonrisa.
Como decía la Madre Teresa de Calcuta: “La paz empieza por una sonrisa”.
Fuente: http://www.solohijos.com/






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